viernes, 14 de octubre de 2011

Mientras puedas regalarme una sonrisa.

Y no hay ni un solo día en que me levante y no piense “Vaya suerte que tengo”. Sí, la verdad es que la tengo. Y mucha. A lo mejor estábamos en el momento y lugar oportunos para conocernos. Pero en un día se conoce a muchas personas y no todas ellas tienen la misma influencia en tu vida. A algunas no las vuelves a ver, mientras que a otras no te cansarías de verlas en la vida. Tú perteneces al segundo grupo. Entraste en mi vida un día cualquiera, como una más de esas personas que se conocen. Después, no sé cómo, empezaste a ocupar un lugar en mi mente. Pero eso se quedó corto. De ahí te pasaste directo al corazón. Y día a día ocupas un lugar aún mayor. Con cada beso, abrazo, risa, apoyo, con tu desbordante alegría, con todo, haces que cada día encuentre miles de razones para sonreír. Y es que, yo eso tampoco lo controlo: tu sonrisa despierta a la mía.

José Luis.

Nadie elige cuando empieza a querer a otra persona, ni de qué manera, ni por cuánto tiempo. Nadie elige el día exacto, ni el minuto concreto en que sucede. Yo tampoco lo elegí. Ni siquiera sé cuando ocurrió. Ni cómo. Pero, ¿para qué saberlo? No tiene importacia. Lo que importa es lo que sentimos. Día a día, poco a poco. El amor surge a lo bestia, pero se alimenta con la constancia. Yo no sé cómo entraste en mi vida, pero lo que sí sé es que no quiero que salgas de ella. Yo comencé a sentir lo típico. Vergënza al mirarte. Ganas de abrazarte. Latidos que se aceleraban con solo verte. Y aún lo sigo sintiendo. Porque querer es eso, enamorarse todos los días de la misma persona. Y yo estoy incondicional e irrevocablemente enamorada de tí.